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Irán transfirió más de USD 1.000 millones a Hezbollah el último año

Irán ha transferido cientos de millones de dólares a Hezbollah durante el último año, utilizando casas de cambio y empresas en Dubai para sortear las sanciones internacionales y mantener el flujo de fondos hacia su principal aliado regional. Según una investigación de The Wall Street Journal, este canal financiero ha cobrado especial relevancia tras el conflicto entre Israel y Hezbollah, en un contexto donde el grupo terrorista libanés enfrenta una urgente necesidad de recursos para reconstruirse y rearmarse.

El flujo de dinero desde Irán hacia Hezbollah se ha intensificado a través de Dubai, aprovechando la posición de la ciudad como centro financiero global y su historial como punto de tránsito para fondos ilícitos. Personas familiarizadas con el proceso, citadas por The Wall Street Journal, detallan que los ingresos provenientes de la venta de petróleo iraní se canalizan hacia casas de cambio, empresas privadas y empresarios vinculados a Teherán en Dubai. Desde allí, los fondos llegan a Hezbollah en Líbano mediante el sistema Hawala, un método tradicional basado en la confianza entre intermediarios que permite transferencias difíciles de rastrear. En este esquema, el dinero se deposita con un agente en Dubai y se entrega en Líbano a través de otro agente, quienes posteriormente ajustan cuentas entre sí.

La magnitud de estas transferencias es considerable. De acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la Fuerza Quds de Irán, responsable de apoyar a milicias aliadas en el extranjero, ha enviado más de USD 1.000 millones a Hezbollah desde enero, principalmente a través de empresas de cambio. Esta cifra supera el presupuesto anual habitual del grupo, que, según Hanin Ghaddar, investigadora del Washington Institute, solía rondar los USD 1.000 millones, pero que tras la guerra con Israel ha resultado insuficiente para cubrir las crecientes necesidades de reconstrucción y rearme.

El contexto regional ha obligado a Irán y Hezbollah a buscar rutas alternativas para el financiamiento. Las vías tradicionales, como el tránsito de fondos a través de Siria o el aeropuerto de Beirut, se han visto restringidas por la caída del régimen de Bashar al-Assad y por el refuerzo de controles por parte de las autoridades libanesas, que han dificultado el ingreso de grandes sumas en efectivo. Ante estas limitaciones, Dubai se ha consolidado como un nodo clave para el movimiento de capitales, pese a los esfuerzos de Emiratos Árabes Unidos (EAU) por mejorar la supervisión financiera. Un funcionario emiratí aseguró a The Wall Street Journal que el país está comprometido a evitar el uso indebido de su territorio para fines ilícitos y colabora con socios internacionales para combatir estas prácticas.

El sistema Hawala, empleado para estas transferencias, representa un desafío adicional para las autoridades, ya que su funcionamiento informal y basado en la confianza personal dificulta el rastreo de los fondos. Además, Hezbollah complementa sus ingresos mediante redes globales de tráfico de drogas y diamantes, con operaciones que se extienden hasta África Occidental y Sudamérica, según fuentes árabes citadas por el medio estadounidense.

La presión internacional para frenar el financiamiento de Hezbollah se ha intensificado. Estados Unidos ha instado a Emiratos Árabes Unidos y a otros países de la región, como Turquía e Irak, a reforzar los controles y cerrar instituciones financieras vinculadas al grupo libanés. John Hurley, subsecretario del Tesoro estadounidense para terrorismo e inteligencia financiera, visitó recientemente EAU, Turquía y Líbano para abordar la lucha contra el lavado de dinero iraní y el financiamiento del terrorismo. Por su parte, Líbano ha implementado medidas como la prohibición de vuelos directos desde Irán y el fortalecimiento de los controles en aeropuertos y puertos, aunque las autoridades estadounidenses advierten que Irán ha adaptado sus métodos, enviando viajeros con pequeñas cantidades de efectivo o joyas para eludir la detección.

En el plano político, la cooperación entre Estados Unidos y el gobierno libanés ha generado tensiones. A comienzos de mes, Washington se opuso a un plan para que el gobierno libanés otorgara pagos por discapacidad a miembros de Hezbollah heridos en ataques israelíes, lo que llevó al primer ministro Nawaf Salam a revertir la decisión, según un alto funcionario estadounidense citado por The Wall Street Journal. Sin embargo, un portavoz del primer ministro negó cualquier contacto con Estados Unidos sobre este asunto y afirmó que varios solicitantes no cumplían los requisitos para recibir la ayuda.

El acuerdo de alto el fuego que puso fin a la guerra entre Israel y Hezbollah exige a Líbano asegurar sus puntos de entrada y evitar el flujo de armas hacia milicias no estatales, principalmente Hezbollah. Aunque el gobierno libanés ha reforzado los controles, el grupo se niega a desarmarse, argumentando que necesita sus armas para defender la soberanía nacional, lo que mantiene la tensión con Israel y Estados Unidos.