La exrehén israelí Romi Gonen, de 25 años, contó que fue agredida sexualmente por cuatro hombres diferentes en distintas ocasiones durante los 471 días que pasó como rehén en Gaza. En una entrevista televisiva con el Canal 12, detalló su terrible experiencia, que comenzó con su secuestro en el festival Nova el 7 de octubre de 2023, cuando tenía 23 años.
Gonen detalló cómo la secuestraron y llevaron a la Franja, cómo la trasladaron entre varias casas particulares y, varias semanas después del inicio de la guerra, la llevaron a un refugio subterráneo. Apenas fue secuestrada, la joven fue llevada al hospital Shifa, dado que había recibido un disparo en el brazo durante el ataque terrorista. Allí sufrió sus primeros abusos.
Mientras una enfermera intentaba encontrar una vena en su brazo para medicarla, un hombre empezó a arrancarle la ropa y a desnudarla. En total, unas 15 personas la tocaban en simultáneo, según relató.
Cuando recuperó el conocimiento, la llevaron a la primera casa donde estuvo cautiva. “Sufrí todo tipo de agresiones. En total, cuatro hombres diferentes abusaron de mí”, reveló.
La primera agresión grave que recuerda ocurrió en su cuarto día de cautiverio, mientras estaba retenida en una casa con cinco miembros de Hamas. El agresor era un supuesto médico al que se le había encomendado el cuidado de sus heridas, aunque, según ella, el dolor era tan intenso que le suplicó que la llevara al hospital para que le amputaran el brazo.
Gonen dijo que le permitieron ducharse y que su captor la siguió para “ayudarla” en la ducha. “Estaba herida, no tenía poder sobre ellos y me encontraba en una situación en la que no podía hacer nada. Me lo quitó todo”, dijo.
Inmediatamente después de la agresión en la ducha, Gonen fue obligada a grabar un video propagandístico para Hamas, que nunca fue difundido por el grupo terrorista, pero que ha sido recuperado por las Fuerzas de Defensa de Israel. El hombre que grabó el vídeo, llamado Mohammed, se convertiría en el peor de los abusadores con los que tuvo que lidiar en Gaza, después de que la trasladaran a su casa unas dos semanas después del inicio de la guerra.
La primera noche en esa casa, la obligaron a quedarse sola con él, en un colchón en la sala de estar. Según relató la joven, el hombre comenzó a tocarla, primero en la espalda y luego en la cintura. Esa vez, ella lo apartó de un manotazo y pudo agarrar su colchón y llevarlo a otra habitación, donde durmió esa noche.
Sin embargo, al día siguiente, según Gonen, Mohammed le dijo: “Lo de ayer fue algo puntual. A partir de ahora, se acabó. Vos y yo vamos a dormir uno al lado del otro, pegados. Cuando vayas al baño, voy a ir con vos”.
Sus dieciséis días en esa casa, situada en el campamento de Shati, en el norte de Gaza, fueron los peores de todo su cautiverio, dijo Gonen. Durante muchos días, tanto Mohammed como otro hombre, Ibrahim, la agredieron sexualmente. “Estaba sentada en la cama. Ibrahim vino, se sentó a mi lado y me acosó. Todo sucedió en la habitación, en completo silencio. Empecé a llorar desconsoladamente. Me dijo que me calmara o se iba a enojar”, recordó.
“Y así pasaban los días: iba al baño y Mohammed estaba conmigo observándome. Orinaba y, con una mano, me bajaba los pantalones. Me sentaba en el inodoro para que, Dios no lo quiera, no vea nada de mí. Ibrahim seguía molestándome sin cesar. Me agarraba la pierna y subía hasta el muslo. Les daba una patada, pero seguían”, continuó la joven.
“Todas las noches, Mohammed dormía conmigo, con una pistola debajo de la almohada y un AK junto a la cama. Me preguntaba todo el tiempo con quién me había acostado”.
Varios días después, a Gonen no le vino el período, lo que asustó a todos sus captores. “Mi mayor temor era que me hubiesen agredido en el hospital y no lo recordara”, confesó. “Me trajeron un test de embarazo, que dio negativo”.
Dos días después de ese incidente se produjo la peor agresión. “Me fui a dormir por la tarde, en el suelo, en el salón. Me desperté con Mohammed e Ibrahim encima de mí. Se arrodillaron y Mohammed me dijo: ‘Hamas acaba de llamarme y me han dicho que te mate. Les pregunté si había alguna opción de mantenerte con vida, por mi bien, y me dijeron que sí, pero que teníamos que abandonar esta casa'”, recordó.
“Me dijo: ‘Andá al baño a lavarte, porque no sé cuándo podrás volver a ducharte’. Y vino detrás de mí. Me agredió durante unos 30 minutos. Yo lloraba y él estaba extasiado”, relató.
“Hasta que no estás en esa situación, no entendés lo que le pasa al cuerpo. El miedo te paraliza. Y yo estaba paralizada”, le dijo Gonen al entrevistador. Más tarde, contó, el agresor la apuntó con una pistola a la cabeza y le dijo que si contaba lo sucedido, la mataría.
Inmediatamente después de esta agresión, la trasladaron a su siguiente ubicación, bajo tierra. “Era su último día conmigo, y él no había planeado que fuera su último día, así que se las arregló para hacer todo lo que pudo antes de que me fuera. Tuvo una oportunidad en esa media hora y la aprovechó”, explicó.
El de Romi es el último de los testimonios de secuestrados y secuestradas que dan cuenta de agresiones sexuales por parte de Hamas. Hasta el momento, ninguna organización feminista ha salido a repudiar la violencia sexual sufrida por Gonen.