El regreso del cuerpo del teniente Hadar Goldin a Israel, tras más de once años en poder de Hamas, marcó el cierre de una de las campañas familiares más prolongadas y simbólicas en la historia reciente del país. La identificación forense realizada en el Instituto Abu Kabir de Tel Aviv confirmó la repatriación, poniendo fin a más de una década de incertidumbre y dolor para sus allegados. Goldin, quien fue asesinado y secuestrado durante la guerra de Gaza en 2014, se convirtió en un emblema nacional de la lucha por no dejar a ningún soldado atrás.
El proceso de recuperación del cuerpo se desarrolló en circunstancias complejas. Hamas informó que los restos de Goldin fueron hallados en un túnel en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, una zona bajo control de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) al momento de la operación. Durante el último año, el ejército israelí había intensificado la búsqueda en esa área, aunque carecía de información precisa sobre la ubicación exacta. Imágenes difundidas por el ejército mostraron a reservistas de la Brigada Givati, compañeros de Goldin en 2014, escoltando el féretro fuera de Gaza.
Reacciones familiares y críticas al gobierno israelí
La familia Goldin, protagonista de una campaña pública incansable durante más de una década, expresó sentimientos encontrados tras la noticia. Ayelet, hermana de Hadar, compartió en redes sociales su emoción y el peso simbólico del regreso: “Lo que me fortalece es que nos mantuvimos fieles a nuestros valores israelíes. Hadar, eres mi inspiración y vives en mi corazón siempre”.
Los padres, Leah y Simcha, agradecieron públicamente a las IDF y a los servicios de seguridad, excluyendo a la dirigencia política de sus reconocimientos. Simcha Goldin fue tajante al afirmar: “El ejército, y nadie más, trajo de vuelta el cuerpo de mi hijo”. La familia criticó reiteradamente al primer ministro Benjamin Netanyahu por, según su visión, no ejercer suficiente presión sobre Hamas y por intentar convertirlos en “enemigos públicos” a través de campañas mediáticas.
Leah Goldin recordó que el cuerpo de su hijo pudo haber regresado años antes, durante la pandemia de COVID-19, si las autoridades hubieran condicionado la entrega de vacunas a Gaza a la liberación de los restos de Hadar y de otros cautivos, como el sargento Oron Shaul y los civiles Avera Mengistu y Hisham al-Sayed. “Pero los responsables aquí no lo hicieron”, lamentó. En febrero de este año, Mengistu y al-Sayed fueron liberados como parte de un acuerdo de alto el fuego, mientras que el cuerpo de Shaul fue recuperado en una operación encubierta en enero. Leah evocó el momento en agosto de 2014 en que la familia pidió al gobierno y al ejército que no abandonaran a su hijo en Gaza, y subrayó que la lucha por su retorno se extendió por once años.
El caso de Hadar Goldin se remonta al 1 de agosto de 2014, cuando, poco después del inicio de un alto el fuego humanitario de 72 horas durante la guerra de Gaza, combatientes de Hamas salieron de un túnel en Rafah y atacaron a la unidad de reconocimiento de la Brigada Givati y mataron a tres soldados, entre ellos Goldin, cuyo cuerpo fue arrastrado al interior del túnel.
Desde entonces, su familia encabezó una campaña pública para lograr la repatriación, convirtiendo el caso en un símbolo nacional y en un recordatorio constante de la promesa de Israel de no dejar a sus soldados atrás. Otros casos, como los de Oron Shaul, Avera Mengistu y Hisham al-Sayed, también han marcado la agenda humanitaria y política del país.
Hadar Goldin, nacido en Eshhar y criado en Kfar Saba, tenía 23 años al momento de su muerte. Hijo de Leah y Simcha, era hermano gemelo de Tzur y menor de Ayelet y Chemi. Goldin y su hermano compartían aficiones artísticas y musicales, y ambos participaron como consejeros en el movimiento juvenil Bnei Akiva, además de estudiar en la academia pre-militar Bnei David en Eli.
Destacó en su servicio militar, completando el curso de oficiales con honores y regresando a la Brigada Givati como comandante de pelotón. Quienes lo conocieron lo describen como una persona compasiva, modesta y profundamente comprometida con sus soldados y su país.
Poco antes de su muerte, había propuesto matrimonio a su prometida, Edna Sarussi, y la pareja ya planeaba su boda. En su memoria, se han creado iniciativas educativas, como una academia pre-militar que reúne a jóvenes de diversos orígenes, con el objetivo de perpetuar los valores de unidad, liderazgo e integridad moral que lo definieron.