Más de un año después de que el mundo entero viera el rostro aterrorizado de Arbel Yehud al ser trasladada entre una multitud iracunda de terroristas de Hamas hasta su liberación, la joven de 30 años se animó a contar las torturas y los abusos que sufrió durante su secuestro en la Franja de Gaza.
Luego de que su compañera de cautiverio Romi Gonen, de 25 años, revelara valientemente cómo fue agredida sexualmente por sus captores, Yehud brindó un reportaje al medio británico Daily Mail para contar lo que soportó durante los 482 días que permaneció como rehén de los terroristas palestinos.
La joven reveló que, mientras estuvo en soledad, la situación era tan terrible que intentó suicidarse en múltiples ocasiones. “Sentía que no podía seguir adelante. Hubo momentos en los que pensé que era la única salida. Pero me mantuvo con vida recordar a Ariel (Cunio, su novio, secuestrado junto a ella), eso me daba fuerzas para seguir respirando”, contó.
Si bien no quiso entrar en detalles sobre los abusos que sufrió, relató cómo la mantuvieron recluida, la privaron de comida y la sometieron a abusos psicológicos, sexuales y físicos, que le provocaron la fractura de dos costillas.
Increíblemente, durante los primeros meses, la pareja logró pasarse notas de amor antes de que los guardias cortaran su contacto. Cuando fue liberada el 30 de enero del año pasado, lo que más la aterrorizaba, más que cualquier hombre armado, era saber que Ariel permanecía en Gaza. Finalmente, fue liberado el 13 de octubre del año pasado.
Ahora, Arbel y Ariel cuentan con detalle cómo su extraordinario amor les ayudó a superar 15 meses de infierno. “Desde que regresé, no he sido capaz de ver las historias de otros sobrevivientes. Pero cuando vi la historia de Romi (Gonen), sentí algo diferente. Fue difícil porque di cuenta de que lo que Romi describe haber vivido una vez es lo que yo viví casi todos los días durante mi cautiverio”, aseguró Yehud.

La pareja relató el momento de su secuestro del kibutz Nir Oz en la mañana del 7 de octubre de 2023. Arbel y Ariel se escondieron debajo de la cama con Murph, su perro. “Le tapé la boca con la mano para que dejara de ladrar… pero no sirvió de nada”, dijo Arbel, quien agregó que le recordó a los testimonios del Holocausto, cuando las madres asfixiaban accidentalmente a sus hijos al intentar que dejaran de llorar mientras los nazis los buscaban.
“Nos encontraron, nos sacaron a rastras y dispararon a Murph delante de nosotros. Oímos los gritos de Murph hasta que murió”, continuó. Arbel fue golpeada y Ariel sufrió golpes contundentes en la cabeza hasta sangrar. El hermano de Ariel, David, su esposa Sharon y sus hijos fueron también tomados como rehenes. El hermano de Arbel, Dolev, desapareció y más tarde fue declarado muerto, lo que, según ella, la devastó.
Después de tres horas en Gaza, los separaron y los enviaron a diferentes escondites. Ambos creían que sería algo temporal, y que su supervivencia dependía de mantenerse en contacto. “Los volví locos preguntando por ella. Quería oírla. Quería verla. Y ellos entendieron que no pararía hasta que me dieran algo. Finalmente accedieron a dejarnos escribir notas, que pasaban de contrabando con mensajeros, por un tiempo”, contó Ariel.
Durante más de un año, vivieron aislados y con miedo. “El desgaste mental era una locura. Estar separados, sin saber si ella estaba bien… A veces me volvía loco. Caminaba en círculos, me golpeaba la cabeza, solo para liberar la tensión”, reveló Arbel.
Durante su cautiverio, además de los abusos, Arbel soportó interrogatorios, intentos de conversión forzosa y hambre, ya que la mantuvieron en campos de refugiados. Al principio se habló de venderlos o sacarlos de Gaza de forma clandestina. “Me retuvieron con un bebé de cuatro meses. Cuando me liberaron, tenía 15 meses. Los niños en Gaza levan cuchillos desde los siete u ocho años”, señaló.
“Tres días antes de marcharme, el niño me apuntó con una pistola. Estaba jugando con ella. Me apuntó mientras yo le rogaba a su madre que se la quitara”, agregó.
Arbel fue liberada primero y salió sola a una multitud rodeada por cientos de terroristas. Pálida y aterrorizada, Arbel dice que le preocupaba que otras bandas la secuestraran.

“Recuerdo salir y ver ese mar de cintas verdes en la cabeza. Yo era la única mujer. Mi mente intentaba procesar: ¿soy libre? ¿Pero sigo rodeada por ellos? Estaba aterrorizada, pero sabía que tenía que sobrevivir. Mis pensamientos estaban con Ariel: tenía que volver con él”, recordó.
Finalmente, Ariel fue liberado tras 738 días de cautiverio. Ahora que son libres, se enfrentan a una nueva lucha: la rehabilitación, las noches de insomnio, los flashbacks y el trauma. Aprender a vivir de nuevo, a confiar de nuevo en el mundo. Su hogar en Nir Oz ya no existe. No tienen ningún lugar al que volver. Pero se tienen el uno al otro.